¡Hay que ponerse!

¡Hay que ponerse!

El otro día tuvimos la oportunidad de compartir esta charla telemática sobre el despilfarro de alimentos organizada por Encuentro y Solidaridad. Un rato de diálogo de despilfarroalimentario.org con Cristina Romero que quiso y quiere ser un espacio de encuentro sobre este tema.

Según el último informe de la ONU, en el mundo se despilfarran 931 millones de toneladas de alimentos cada año y esto teniendo en cuenta sólo las que se producen en las cadenas finales de la cadena alimentaria. Esto equivale a uno de cada tres alimentos.

Se puede hacer mucho para prevenir y corregir esta situación, que no es una simple fatalidad, sino que tiene causas concretas y por lo tanto soluciones concretas. Cristina Romero es una de estas experiencias concretas, que parte del simple hecho de ser madre de un niño que acude a un comedor escolar pero que ha comprobado que los retos no son inalcanzables, sino que se pueden conseguir con la ayuda de otros, luchando juntos.

En la típica reunión de comienzo de curso, hablando de los comedores escolares, se hizo consciente de la cantidad de comida que de tiraba y tomó cartas en el asunto. No basta con quejarse, ¡hay que ponerse! y Cristina se juntó con otros y se puso.

Recuperar este despilfarro es posible a nivel particular, que alguna escuela, por iniciativa propia organice este excedente, pero Cristina se propuso que esto llegara a nivel legislativo, que no dependiera de la voluntad de un centro en concreto. Un ejemplo de un colegio en Lleida, en seis escuelas, recogieron 9.000 raciones en un año; multiplicar estas cifras por todas las escuelas del país alcanzaría cifras escalofriantes.

Juan Marcos de Miguel participó también en este diálogo, desde su trabajo en el departamento de salud pública de Cataluña; como bien nos explicó, el riesgo cero existe: no hacer nada. Pero esto no es válido en este tema, en un tema en el que con un simple gesto de voluntad, supondría una recuperación de más de 90 toneladas de comida sólo en Cataluña.

Un pequeño detalle es que en estos comedores se prepara la misma cantidad en cada ración para todos los niños, independientemente de la edad. Teniendo simplemente esto en cuenta, en tres meses se redujo un 92% el despilfarro en el comedor de un pequeño centro educativo rural. Esa fue una primera batalla ganada en el camino hacia el cambio de la ley de seguridad alimentaria.

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