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Entrevista a José María Santos, promotor de DespilfarroAlimentario.org

“En muchas de las normativas que pretenden cuantificar y analizar el despilfarro de alimentos, se excluye expresamente al sector primario”

Jose María Santos es responsable del Departamento de Agricultura e Innovación de Urcacyl, socio de SEAE y promotor de “DespilfarroAlimentario.org”, una iniciativa para la concienciación y formación sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos así como para la incidencia política y social dentro del colectivo #LeySinDesperdicio ”.

En esta entrevista, Jose María Santos, señala la importancia de la exclusión del sector primario en cuanto a la cuantificación de las pérdidas en campo –que la mayoría de veces asume el productor–. Una cuestión clave para enfrentar tanto las causas como la propuesta de soluciones a la lacra que representa tirar millones de toneladas de alimentos a la basura, mientras el hambre mata a millones de personas en este planeta. Porque, como dicen en su web, «el hambre es consecuencia de un sistema alimentario injusto».

Autoría: Sara Serrano Latorre- Revista Ae


¿Podrías hacer una breve presentación de qué es DESPILFARRO ALIMENTARIO?

DESPILFARRO ALIMENTARIO es un espacio abierto al debate y a la reflexión además de ofrecer formación sobre el grave problema del despilfarro de alimentos y cómo prevenirlo. Su web es un repositorio de información y de formación para cualquiera que necesite referencias sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos: materiales de trabajo, divulgación, artículos de prensa y, recientemente, un completo cuadernillo sobre “Despilfarro alimentario y hambre”.

También organiza charlas en asociaciones de vecinos, colegios, institutos y cualquier entidad que lo solicite, además de promover otras actividades como talleres de cocina o sobre técnicas de aprovechamiento y conservación.

A nivel estatal, realiza una importante labor de incidencia política colaborando con otras entidades en el colectivo #LeySinDesperdicio, que busca la aprobación de una Ley sobre pérdida y desperdicio, que esté a la altura de este grave reto.

El dato que siempre se cita a la hora de hablar de desperdicio alimentario mundial es el de la FAO: 1/3 de comida se tira a la basura. ¿Tenemos datos más actuales?

Desgraciadamente, hay escasez de datos de calidad a todos los niveles, en todos los países y en toda la cadena alimentaria. Además, no hay ni definiciones ni métodos homogéneos a nivel internacional para obtener unas mediciones comparables. Esta cuestión es especialmente grave en el sector primario porque se le excluye expresamente de muchas de las normativas que pretenden valorar o analizar el despilfarro de alimentos. Nos hemos quejado muchas veces de esto y no hemos sido capaces de averiguar por qué se excluye al sector productor de estas normativas.

En cuanto a datos concretos, la ONU tiene dos medidas. Por un lado, está el Índice de Pérdidas de alimentos, elaborado por la FAO, que mide las pérdidas que se producen desde la cosecha (no en el campo) hasta la distribución al por mayor (incluyendo ahí la transformación, la industria, el transporte, etc.). Según ese dato de la FAO en 2011, lo que se pierde en ese tramo es un 14% de todos los alimentos que se producen en el mundo. Cuando se actualice este dato, posiblemente el 14% suba, entre otras cosas, porque no está incluido el sector primario.

Por otro lado, está el Índice de Desperdicio de Alimentos, estimado por la PNUMA (la Agencia para el Medio Ambiente de la ONU), que analiza lo que se denomina “desperdicio”; es decir, la disminución de los alimentos producida en el tramo de la cadena que abarca desde la venta minorista, todo tipo de restauración (comedores colectivos, comedores escolares, restauración privada, todo tipo de servicios de comida…) y hasta el consumidor final. La PNUMA calcula, en el informe publicado en este 2024, que hay un desperdicio del 17% de todos los alimentos que se producen en el mundo. Eso vendrían a ser 1.050 millones de toneladas que suponen ¡el equivalente a 1.000 millones de comidas al día!.

Es escalofriante: 1.000 millones de comidas al día y 1.000 millones de personas que pasan hambre severa. Con estos datos, es evidente que el hambre no es un problema de producción, ¿no?. Si sumas el 14% de pérdidas más el 17% de desperdicio sería un 31%, el dato que indica que alrededor de un tercio de la comida se tira a la basura. Es así de grave y de contundente.

Por último, otro dato: el más reciente y fidedigno que tenemos sobre el sector primario ha sido el publicado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, que apunta a que en el sector primario (es decir, en campo) se pierden en toda la Unión Europea unos 25 millones de toneladas anuales. Si lo sumamos al dato del desperdicio en el resto de la cadena europea, que son otros 90 millones, tendríamos alrededor de 110/115 millones de toneladas de alimentos que se pierden cada año en nuestro continente.

Y en España, el Informe del Desperdicio Alimentario en España 2023 del MAPA parece ofrecer gran cantidad de datos, ¿no?; entre ellos que del 2022 al 2023 hay un aumento. ¿A qué podría deberse esta evolución negativa a pesar de estar incrementando esfuerzos para sensibilizar sobre esta temática?

Ese informe sólo recoge el desperdicio generado por el consumidor en los hogares pero no fuera del hogar, es decir, en consumo extra doméstico (restaurantes, comedores colectivos, bares, etc.). Puede que haya bajado un poco por la reducción del consumo doméstico, es decir, se consume más fuera y por eso ha podido reducirse ese desperdicio. Pero habría que investigar, no solo los datos, sino las causas. Por otra parte, estos incrementos en las cuantías ocurren en todos los casos cuando se comienza a medir y cuantificar las pérdidas y desperdicio, en cualquier sitio, en cualquier país.

Lo que se observa en todos los casos es que a medida que se van realizando más mediciones y más precisas, las cifras son más altas que las estimaciones previas. En ese sentido, aunque cada año va variando ligeramente el dato que ha presentado el Ministerio, no se muestra una tendencia marcada hacia la reducción, a pesar de las campañas que se están realizando. En todo caso, desafortunadamente las variaciones son pequeñas con respecto a volúmenes globales de la comida que se derrocha.

Señalaría como una de las causas principales la falta de concienciación, que aún es muy escasa… ¡aun con los altos precios de los alimentos! Sin concienciación no hay nada que hacer. No servirá de nada ni la mejor de las tecnologías ni la ley más completa. La sensibilización es la clave para que esta aberración pueda prevenirse.

Desde que el Gobierno aprobara el primer proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario en el 2022, hasta ahora ¿qué ha pasado en ese periodo? ¿Y en qué situación se encuentra ahora?

Pues la realidad más tangible es que, a día de hoy, aún no tenemos Ley. Lo único que se ha llegado a aprobar ha sido el proyecto de ley.

La primera propuesta se hizo en el año 2022, que se aprobó en el Congreso en la primavera de 2023, con un amplio acuerdo entre los partidos y llegó al Senado para su ratificación. Pero la disolución de las Cortes en 2023 echó abajo el proyecto. A principios de 2024 se planteó un nuevo proyecto de ley que, en lugar de partir del documento consensuado en la anterior legislatura por los grupos políticos, se retrotrae el primer proyecto de ley, con lo que se regresa a la casilla de salida del año 2022. Esto ha supuesto rehacer todo el trabajo de nuevo, volviendo a tener que presentar y debatir todas las enmiendas por parte de los grupos políticos, o por parte de colectivos de la sociedad civil como el nuestro.

Por ello, en este momento está de nuevo en trámite parlamentario en el Congreso. La intención del Ministerio de Agricultura era haberlo aprobado antes del verano pero en el momento de esta entrevista, ni siquiera se ha reunido la Comisión de Agricultura para poder evaluar las enmiendas presentadas. En estas circunstancias va a ser muy complicado que entre en vigor a principios de enero de 2025, como se pretendía. Y en el caso de que se apruebe, que se haya dado el tiempo suficiente para no actuar con precipitación y se logre una Ley consensuada, realista y ambiciosa como se necesita.

¿Podrías resumir los principales puntos de la Ley?

El primer punto de la futura Ley lo marca su propio nombre; es decir, su objetivo prioritario es la prevención en la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos. A partir de ahí se establece una jerarquía de prioridades en el aprovechamiento de los excedentes, que deben cumplir todos los agentes de la cadena.

Gráfica 1. Jerarquía del aprovechamiento.

Una vez que no ha sido posible la prevención en sentido estricto, se establece (gráfica 1) la donación y/o la transformación en otros alimentos para consumo humano como zumos, mermeladas, ingredientes para otras preparaciones, etc. Si esta opción tampoco es posible, el siguiente destino debería ser la alimentación animal o su uso como subproducto de otras industrias (cosmética, extractos,..). Por último, debería aprovecharse para la generación de energía antes de dar el último paso con destino al vertedero.

Otro de los aspectos que pretende esta Ley es cuantificar la pérdida y desperdicio a lo largo de toda la cadena. Una vez más, el sector primario queda relegado de esta medida.

Después, establece una serie de objetivos y de obligaciones para todos los agentes de la cadena, siendo el principal el disponer de un plan de prevención que cuantifique y analice las causas de las pérdidas y desperdicio, las medidas que se tomarán para prevenirlas, así como el destino que se dará a los excedentes.

También establece una serie buenas prácticas marcando las pautas para la donación y las entidades que van a trabajar con ellos. Finalmente , aunque no es el objetivo prioritario de la Ley, establece un mecanismo sancionador detallando las infracciones y sanciones correspondientes.

Destacar de nuevo que el sector primario queda prácticamente fuera de la ley, pues no hay medidas específicas para él cuando es un sector bastante distinto a los demás. Sería conveniente establecer acuerdos sectoriales, como por ejemplo sucede en la hostelería o la distribución, para lograr los objetivos de la ley de forma conjunta.

¿Cómo crees que ha acogido el sector agroalimentario esta ley? ¿Hay posicionamientos muy divergentes?

El sector primario siente que la Ley pretende culpabilizar y sancionar, además de incrementar la burocracia para todos los agentes de la cadena, pero eso no es cierto. El objetivo es reducir las pérdidas y el desperdicio, que es el principal factor de ineficiencia en la cadena y en cada eslabón de la misma ya que con los alimentos tiramos todos los recursos necesarios para producirlos. Por eso es tan importante la concienciación: si no somos conscientes de que tenemos un problema grave y que además es relativamente sencillo poner algunos medios para paliarlo, la ley caerá como una losa, como otro requisito más que tengo que cumplir y no como algo que pueda ayudar a evitar ese problema.

Además, no se trata de una obligación menor, porque al final, visto con las luces cortas, es un problema económico: todas las pérdidas y desperdicio, a la mayor parte de los agentes de la cadena, les supone perder dinero. Al productor, al cocinero, a todos…Es algo que deberíamos cuantificar y monetizar para conseguir ser más competitivos y cuantificar costes, además de un buen argumento para concienciar. La pérdida y el desperdicio es la mayor ineficiencia que existe en la cadena alimentaria, y más teniendo en cuenta el malgasto de recursos que hacemos para producirlos (agua, suelo, fertilizantes, energía) y luego tirarlos.

Gráfica 2. 10 puntos para una #LeySinDesperdicio.

Para que esta ley sea realmente exitosa en sus resultados, ¿qué es lo que solicitáis desde el Colectivo Ley Sin Desperdicio?

Creemos que tiene que ser una ley ambiciosa y valiente. Para que sea una ley efectiva debemos ser conscientes de que tenemos un problema grave, que a su vez genera muchos problemas en nuestro entorno (éticos, sociales, ambientales y económicos).

Y con ello, el punto clave para toda la Ley es el enfoque en la prevención. Todo lo que no sea lograrlo, es un pequeño o gran fracaso de nuestro sistema alimentario. No podemos permitir que los valiosos recursos se transformen en residuos. En la naturaleza no existen los residuos, debemos aprender de ella.

De esta forma, desde el Colectivo estamos trabajando por lograr una Ley realista pero valiente, reforzando los puntos que se pueden ver en la imagen adjunta. Es especialmente significativo, por su especificidad con el sector agropecuario, que se regule y permita el espigueo o rebusca.

Recordamos tu artículo ¿Por qué le debe preocupar al sector productor el despilfarro de alimentos?, en el que señalabas, entre otras interesantes cuestiones, que para los/as productores de alimentos “El despilfarro de alimentos implica tirar a la basura todos los recursos utilizados para su producción”. ¿Crees que hay verdaderamente conciencia sobre este factor dentro del sector productivo?

Considero que el sector debería apoyar, sin duda, esta ley de forma clara por varias razones. La primera, porque es una excelente oportunidad para saber qué sucede en nuestros campos: ¿Cuánto se tira? ¿Y cuál es su valoración económica? Hay que medir, cuantificar y valorar para evidenciar que este problema existe. En el sector primario se oculta o se obvia esta realidad y, con ello, aparentemente el problema no existe, desaparece.

En segundo lugar, es una buenísima oportunidad para conocer las causas: ¿Por qué suceden estas pérdidas en el campo?. Muchas de esas pérdidas (y no estamos hablando de las causadas por clima, plagas o enfermedades) se producen en otros eslabones de la cadena, como por ejemplo, por una mala manipulación. Pero lo que sucede en el campo es que muchos de esos alimentos, por ejemplo frutas, se quedan en los árboles porque no son estéticamente perfectas o porque se produce de más para contentar a los intermediarios y que no rompan los contratos. Y ahí es el agricultor quien asume la pérdida. Conocer estas causas ayudaría, sin duda, a resolver estos problemas de pérdidas en el campo.

Estamos seguros de que servirá para aclarar las causas de numerosos problemas que afectan al productor agrario, cuyo origen está en otros eslabones de la cadena, como pueden ser las prácticas comerciales desleales y que muchas veces son difíciles de demostrar o denunciar. O como resultado de legislaciones excesivamente rigurosas como las que empujan al desperdicio por criterios meramente estéticos, por poner otro ejemplo. Quizá esta Ley permita poner a la luz muchas de estas situaciones y sus orígenes.

¿Una fórmula podría ser: mejor calidad y menos cantidad? Algo que no se concibe actualmente, pues se depende mucho del volumen de producción, ¿no es cierto?

Sinceramente creo que en nuestro entorno la calidad de los productos de la agricultura y máxime de la agricultura ecológica, es altísima. No es necesario elevar más per se los niveles o criterios de calidad, pero sí se debería actuar sobre dos cuestiones: la educación (otra vez la concienciación) de todos los agentes de la cadena, de los consumidores, de los legisladores y de la sociedad en general sobre temas como la percepción de la calidad, los criterios estéticos… Y segundo, la concienciación sobre el inmenso valor de los alimentos. En numerosas ocasiones, hacemos como los necios, confundiendo valor y precio. Según datos del INE 2020, dedicamos menos de un 17% de la renta familiar a la alimentación, a lo más importante.

Con esta actitud damos por hecho que los alimentos están garantizados, aunque últimamente hemos visto que es una percepción errónea. Las condiciones geopolíticas, las guerras, el clima, pueden hacernos perder la soberanía alimentaria en muy poco tiempo. En Europa tenemos, sin duda alguna, el mejor sistema alimentario del mundo, pero con los pies de barro. No debemos olvidarlo.

Los alimentos nunca pueden ser una mercancía con la que jugar especular, por eso considero que donde sí deberíamos actuar es en la mejora de los canales cortos de comercialización, la creación de grupos de consumo, el fomento del consumo de producto local, de temporada, fresco, poco transformado y si es posible de producción agroecológica.

Y, centrándome en tu pregunta, donde sí deberíamos reducir es en la cantidad de producción industrial, que esa es la que realmente sobra y se tira, e incrementar la producción agroecológica: con más producción, tendríamos mejor acceso a ellos, más consumo y precios más asequibles.

¿Podría la producción ecológica, con la perspectiva agroecológica, ser una buena estrategia para abordar la cuestión del desperdicio y el despilfarro desde la producción al consumo?

Sí, la producción agroecológica, de hecho, contribuye a reducir la generación de las pérdidas y el desperdicio. ¿Por qué? Porque la Agroecología tiende a mirar de una forma integral, no solo cómo técnica de producción limpia sino que también lleva integrado en su filosofía que no se produce solo para especular, para vender, sino que se produce para alimentar. La mayor ineficiencia que tiene este sistema alimentario es el despilfarro de alimentos. La agroecología puede contribuir a reducir la pérdida y desperdicio aportando su técnica y sistema de manejo, pero sobre todo aportando su forma de entender la producción de alimentos; algo, sin lugar a dudas, imprescindible para un sistema alimentario sostenible y viable.

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